viernes, 21 de mayo de 2010

LA CIUDAD QUE YO SUEÑO

Las ciudades de mi departamento no han sufrido cambios cualitativos significativos en las últimas décadas y a estas alturas empiezan, comenzando por la capital, a verse rezagadas con respecto a ciudades intermedias como Manizales, Pereira, Armenia, Ibagué, Bucaramanga, Montería y varias otras que sin gozar de nuestras regalías hoy atraen visitantes de todo el país.  Por eso, seguiremos soñando y contribuyendo a construir una ciudad diferente, amoblada de confort, con servicios públicos de excelencia que no tengan que pagarse a precios americanos, que ponga su corazón en el servicio al contribuyente y en la que se pueda caminar tranquilo por cualquier comuna en las horas nocturnas.


Sueño con una ciudad moderna, ordenada, descomplicada, culta, respetuosa del espacio público, pero justa con aquellos que no tienen más opción para vivir que ocuparlo, que priorice el peatón y disfrute de una excelente movilidad con un eficiente sistema integrado de transporte público.  Sueño con una ciudad gobernada pulcramente en la cual se respete la legalidad no sólo en los actos y procedimientos del gobierno sino en los actos y comportamientos de sus gobernantes, una ciudad con principios y valores en donde nuestra juventud pueda contar con decenas y decenas de escenarios deportivos, de parques bien dotados, de ofertas culturales, y de bibliotecas públicas para que no se vea casi obligada a usar su tiempo libre tomando aguardiente, consumiendo drogas o yendo a un motel.  Una ciudad cuyos colegios sean visitados por otras instituciones del país y del extranjero para aprender sobre calidad educativa, uso de nuevas tecnologías, convivencia armónica y dominio del inglés.  Una ciudad donde pueda conectarme a internet de banda ancha de buena velocidad en cualquier punto y aun durante mis recorridos en el transporte público.

Sueño con una ciudad cuya expansión no sea horizontal sino vertical, con edificios modernos e inteligentes que aprovechen los recursos naturales sol, viento, agua y terreno y que generen grandes bolsillos verdes de naturaleza nativa.  Una ciudad con amplios andenes y paseos peatonales, repletos de limpieza, que bordeen nuestras quebradas y vías principales, debajo de una sombra provocativa de árboles frutales o de flores  coloridas y que expidan un olor romántico.  Sueño con una ciudad que no entierre sus residuos sólidos ni eche a nuestra formidable red hídrica las aguas servidas sino que sea ejemplo de reciclaje en la fuente y tratamiento de aguas residuales de bajo costo.  Una ciudad cuyo déficit de vivienda sea soportable porque ha sabido brindar a sus habitantes sin techo programas en los cuales su aporte pueda ser en trabajo y especie en vez de un ahorro voluntario irrealizable.  Una ciudad que atraiga estudiantes, inversionistas, pacientes y turistas que ayuden a dinamizar la economía local.  Una ciudad que brinde incentivos y oportunidades reales para repatriar a tantos educados en el exterior y en la que sus profesionales no sueñen con irse sino que sueñen con que sus hijos vivan y progresen allí.  Una ciudad en la que vivir con alguna incapacidad física y mental sea más agradable y fácil.  Una ciudad que ayude a sus habitantes a embellecer sus fachadas y cuyos cables eléctricos estén debidamente subterranizados.  Una ciudad en la que no se use el pito sino en ocasiones urgentes y en la cual uno pueda ir seguro en bicicleta de cualquier punto cardinal al otro.

Sueño con una ciudad en la que la gente sonría, confíe en los demás y en su gobierno, y pueda levantarse cada mañana agradeciendo a Dios por haberle dado semejante lugar tan agradable para vivir.

1 comentario:

hernando dijo...

Doctor Carlos Mauricio, su presente disección es una bellísima quimera que tan solo un hombre de sus dotes intelectuales, morales y profesioanles puede diseñar y materializar.

Dios quiera que pronto el sentimiento popular le permnita expresar toda su sabiduría para el bienestar colectivo, bien de nuestra cidad capital, ora, del Departamento.

Siempre estaremos a su entera disposición mi inmaculado e insuperable ser social.

Un abrazo, Hernando Gómez Collazos.

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