jueves, 15 de diciembre de 2011

¡CELEBREMOS A JESÚS!

Hay abundante literatura sobre la fecha del nacimiento de Jesús, pero en la Biblia nunca se menciona dicha fecha con exactitud.  Algunos dicen que fue en marzo, otros en primavera, otros antes de empezar las lluvias de octubre, otros más osados el 29 de septiembre del año 2 A.C., etc.; pero lo que podemos concluir es que todo indica que la fecha de nacimiento de Jesús no podría ser el 25 de diciembre por varias razones que no nos detendremos a analizar.  Simplemente traigamos a colación lo que escribió Joseph Mede: “Cuando ocurrió el nacimiento de Cristo, toda mujer y todo niño iban a ser censados en la ciudad a la cual pertenecían, a algunas de las cuales habían largas jornadas; pero a mediados del invierno no era la época apropiada para tales asuntos, especialmente para una mujer embarazada ni para que viajaran los niños.  Por tanto, Cristo no pudo nacer en la mitad del invierno.  Además, en el tiempo de nacimiento de Cristo, los pastores permanecían afuera para cuidar sus rebaños en las horas de la noche, pero no era probable que ocurriera esto a mediados del invierno.  Si alguien cree que el viento en invierno no era tan difícil de soportar en estas regiones que recuerde las palabras de Cristo en el evangelio: ´orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno´.  Si el invierno era un tiempo tan malo para huir, parece que no era un tiempo adecuado para que los pastores permanecieran en los campos ni para que viajaran las mujeres y los niños”. Esto lo escribió Mede[1] haciendo referencia a las Escrituras que nos enseñan en Lucas 2 del 8 al 12: “En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños.  Sucedió que un ángel del Señor se les apareció.  La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor.  Pero el ángel les dijo: No tengan miedo.  Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.  Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.  Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre´.”


Y si el nacimiento de Jesús no fue el 25 de diciembre, ¿por qué razón lo conmemoramos en esa fecha?  Al parecer la primera vez que se mencionó el 25 de diciembre como la fecha en que Jesús nació fue en el Calendario de Filócalo, en el año 354 D.C.  Posteriormente esa fecha del 25 de diciembre fue aceptada oficialmente por los padres de la iglesia como la fecha oficial del nacimiento de Jesús en el año 440 D.C., al parecer como un “sincretismo” con la fiesta de la Saturnalia celebrada en el Imperio Romano por la época del solsticio de invierno, lo que convierte a estas festividades para algunos en “fiestas paganas”.  Ciertamente por eso esta época es para muchísima gente una época de parranda, de tomata, de compras, de regalos, de esparcimiento y de baile sin ninguna consideración al nombre de Jesús.

Bueno, pero dejémonos de teorías y concentrémonos en lo fundamental.

Y lo fundamental es que en esta época celebramos o recordamos el acontecimiento más importante de la humanidad: el nacimiento de nuestro Salvador y Redentor, el Señor Jesús, el mismo Dios Creador hecho hombre.  

Este es el punto.  La Biblia dice en Juan 1:1 y siguientes: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  Este era en el principio con Dios.  Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.  En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

¡Dios mismo entre nosotros!  “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria…” (Colosenses 1:26).
Jesús nace con un propósito extraordinario para usted y para mi: Salvarnos.  El vive una vida sin pecado y transforma completamente la humanidad.  Es el hombre más importante de la historia del mundo.  Alguien sin igual.  Incomparable.  Fue concebido y nació de una manera sobrenatural, pues el mismo Espíritu Santo lo engendró y su madre era virgen.  Vivió de una manera perfecta, mejor que cualquier otro hombre.  No hay registros en la historia de la humanidad de un hombre tan santo, tan noble, tan misericordioso, tan sabio, tan inteligente, tan influenciado por los más altos propósitos, tan impecable.  Carnegie Simpson escribió: “Si leyéramos su nombre en un lista que empezara con Confucio y terminara con Cervantes sentiríamos que sería más una ofensa a la decencia que a la ortodoxia.  Jesús no es tan sólo un miembro del grupo de los más grandes.  Podremos hablar de Alejandro el Grande, de Carlos el Grande y de Napoleón el Grande, pero Jesús se mantiene aparte.  Jesús no es el grande, es el Único…  Charles Lamb una vez dijo que si Shakespeare entrara en esta habitación, todos nos levantaríamos para saludarlo, pero si Jesús entrara todos caeríamos al suelo y trataríamos de besar el borde de sus vestidos”.  Napoleón Bonaparte dijo de El: “Yo conozco a los hombres, y les puedo decir que Jesucristo no era un simple hombre.  Entre Él y cualquier otro ser humano en el mundo entero no existe punto de comparación posible.   Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos formado imperios.  Pero, ¿sobre qué descansan estas creaciones?  Sobre la fuerza.  Jesucristo fundó su imperio sobre el Amor; y en este momento hay millones de personas listas a morir por El”.[2]

Podríamos citar a muchos más, creyentes y no creyentes enemigos de Jesús y la conclusión sería la misma: Jesús es sobre todo.  Hizo lo que nadie más ha hecho ni podrá hacer: derrotar el enemigo más temido de los hombres: la muerte.  Pronunció las palabras más profundas y más grandes que cualquier ser humano pueda oír.  Tanto que EL mismo dice: “Cielo y tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán” (Lucas 21:33).

Hoy sus palabras son la más leídas, las más creídas, las más seguidas, las más amadas, las más publicadas, las más traducidas, las más hermosas, las más extraordinarias, las más influyentes.  Jesús es el más influyente personaje de la historia, pues sin armas, sin poder político, rechazado por la mayoría de su pueblo en su época, sin las extravagancias de cualquier multimillonario, pasó de ser un guía espiritual de 12 hombres a ser el único Dios reconocido de miles de millones de personas.  Desde su existencia como hombre en este mundo hasta hoy no ha habido ningún ideal moral nuevo expuesto por alguien más.  El satisface como ninguno las necesidades espirituales de los hombres.  Sin creer en Él, el universo y la vida se convierten en algo vacío, triste, frío, sin esperanza, sin propósito.  Creyendo en Él, toda la historia, el universo, la vida tienen una explicación satisfactoria, un eterno propósito, sentido completo.

Hay en la Biblia por lo menos 333 profecías acerca de Él en el Antiguo Testamento. Todas cumplidas con exactitud.  A uno le parece al principio cuando lee esto del cumplimiento de las profecías acerca de ÉL que es algo importante pero no tanto.  Sin embargo lo invito a imaginarse a una amiga soltera que pueda estar embarazada dentro de 10 años y a hacer sobre el bebé que nacerá profecías sobre el lugar de su nacimiento, su ascendencia, el nombre que llevará, el sobrenombre que le pondrán, si algún amigo lo traicionará por cuánto dinero lo hará, el tiempo exacto de su muerte, cómo morirá, si se partirá algún hueso,  entre quienes lo enterrarán y qué pasará con sus vestidos después de su muerte.  Son solo 10 cosas sobre su vida las que usted intentará profetizar.  Las probabilidades de que acierte exactamente con las 8 son muchísimas, pero muchísimas menos de las que tendría un huracán que al pasar por una de esos inmensos basureros de chatarra que hay en Estados Unidos ¡dejará perfectamente construido un jet Boing 747!  Miren algunas de esas profecías sobre Jesús en el Antiguo testamento: Él sería un descendiente de Abram (Génesis 12:1-3; 18:18; 22:18; Mateo 1:1-2 y17; Gálatas 3:8-16), El sería un descendiente de Abraham (Génesis 22:18, Mateo 1:1); El sería un descendiente de Isaac (Génesis 21:12; Lucas 3:23-34); El sería un descendiente de David (2 Samuel 7:4-5,12-13; 1 Crónicas 17:11-14; Salmos 132:11; Lucas 1:32-33, 67-69; Hechos 2:29-30; Mateo 1:17; Romanos 1:3); El nacería en Belén (Miqueas 5:2; Mateo 2:4-6; Juan 7:42). El sería de Nazareth y lo llamarían Nazareno (Mateo 2:23; Lucas 1:26-27; Juan 1:45; Jueces 13:5-7 y 24); El tiempo de Su crucifixión era conocido: 483 años después del decreto para construir el templo y los muros de la ciudad de Jerusalén, el cual se expidió en el año 444 A.C. (Daniel 9:25; Nehemías 2:1-8; 5:14); El nacería de una virgen (Isaías 7:14; Mateo 1:20-23; Gálatas 4:4; Génesis 3:15); Su nombre sería Emmanuel.  Emmanuel significa "Dios con nosotros." (Isaías 7:14; Mateo 1:21-23); Su nombre sería el Mesías.  La palabra Cristo en español viene de la palabra griega Christos que quiere decir "El Ungido".  Christos en griego es la palabra Mashiach en hebreo que también quiere decir "El Ungido".  La palabra Mashiach quiere decir "Mesías" que es Yeshua (Daniel 9:25-26; Juan 1:41); El sería el único Hijo engendrado de Dios (Salmo 2:2; 6-7; Juan 1:14; Hechos 13:33; Hebreos 1:1-2 y 5); El sería precedido por un mensajero (un tipo de Elías conocido como Juan) el Inmersador o el Bautista) quién prepararía el camino del Señor (Malaquías 3:1; Lucas 1:13 y 76; Mateo 11:7-10); El hablaría en parábolas (Salmo 78:2-4; Mateo 13:34-35); Su ministerio sería sanar al enfermo, poner en libertad a los cautivos, y predicar la liberación  (Isaías 61:1-2; Lucas 4:16-21; Mateo 4:23; 9:34-35; Hechos 2:22; 10:38); Su mensaje no sería creído (Isaías 53:1; Juan 12:37-38); ninguna palabra mala procedería de Su boca (Isaías 53:9; Lucas 23:41; 1 Pedro 2:21-22; 2 Corintios 5:21); Sus discípulos lo desampararían (Zacarías 13:7; Mateo 26:31-35 y 56); El entraría a Jerusalén montado en un asno (Zacarías 9:9; Mateo 21:5); El sería traicionado por un amigo (Salmo 41:9; Juan 13:18-21); El sería vendido por 30 piezas de plata (Zacarías 11:12; Mateo 26:14-16); el precio pagado por la traición se daría para el campo de un alfarero (Zacarías 11:13; Mateo 27:3; 7-10); El moriría por nuestros pecados (Isaías 53:5; 1 Corintios 15:3; 1 Pedro 2:24); de Él se burlarían (Salmo 22:7-8; Mateo 27:39-43); El moriría con los transgresores (Isaías 53:12; Marcos 15:27-28); El haría intercesión por sus asesinos (Isaías 53:12; Lucas 23:34); El sería escupido (Isaías 50:6; Mateo 26:67, 27:30); se le daría bilis y vinagre para comer y beber (Salmo 69:21; Mateo 27:34 y 48); El no abrió Su boca cuando fue acusado (Isaías 53:7; Mateo 26:63-64; 27:12-14); Sus vestidos serían repartidos a suertes (Salmo 22:18; Mateo 27:35); ni un hueso se rompería en Él (Salmo 34:20; Juan 19:33-36); El sería traspasado (Zacarías 12:10; Juan 19:34-37); El sería enterrado con el rico (Isaías 53:9; Mateo 27:57-60); Su alma no sería dejada en el infierno (Salmo 16:10; 49:15; 56:13; Hechos 2:27-31; 13:33-35); El sería resucitado de los muertos (Salmo 16:10; Lucas 24:6; 31-34; Hechos 2:27-31; 13:35; El resucitaría al tercer día de la tumba (Jonás 1:17; 1 Corintios 15:4; Lucas 24:45-46; Mateo 12:40); El ascendería al Cielo (Salmo 68:18; Hechos 1:9; Lucas 24:50-51).

Peter Stoner en el libro Science Speaks (Habla la Ciencia, Moody Press, 1963) considera 48 profecías y dice: "Hallamos que la probabilidad de que cualqier hombre cumpliese las 48 profecías es de 1 en 10157, o 1 dividido 100 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000. El número total estimado de electrones en todo el universo es de aproximadamente 1079. Debiera ser muy evidente que Jesús no cumplió las profecías por accidente”.

Este es el Jesús que debemos celebrar en las navidades.  El mismo Dios creador del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos hay que se hizo hombre, habitó entre nosotros y satisfizo Su propia justicia al pagar el precio de nuestros pecados, sufriendo esa horrible muerte de cruz para consumar su más precioso regalo a la humanidad: la salvación.  Lo hace por Amor, para que los que en ÉL creamos no muramos mas tengamos vida eterna (Juan 3:16).

Es su única condición para salvarnos: creer en Él, poner toda nuestra confianza en Él, dejarlo entrar a nuestro corazón como Señor y Salvador, y arrepentirnos de todo lo que hemos hecho, dicho, hablado y pensado contra El, someternos a Su reino.  No hay más requisitos.  La salvación Dios mismo la diseñó y la da a nosotros como un favor inmerecido al poner toda nuestra confianza en Jesús, arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y someternos a Su Reino, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
Si usted no ha dado ese paso aún, Dios le dice “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corinitios 6:2).  Si usted no ha dado ese paso aun, le animo a que aproveche esta navidad para celebrar a Jesús de la manera en que El lo está esperando: entregándole su corazón y su vida.  Rindiéndose completamente a Él.  Sólo le bastará pronunciar en voz audible la siguiente oración, haciéndolo de todo corazón: “Maravilloso Jesús: Te acepto en mi corazón como mi Señor y Salvador, como mi único Dios resucitado y vivo.  Acepto, Jesús, el regalo hermoso de la vida eterna que me ofreces.  Me rindo a ti. Confieso con mis labios que Tu  eres el Señor y creo en mi corazón que Dios te levantó de entre los muertos.  Me someto a Tu Palabra y te pido que gobiernes de ahora en adelante mi vida.  Me arrepiento con sinceridad de todos mis pecados, de todo lo que he hecho, dicho, pensado u omitido contra ti, de todo lo que he hecho que te desagrada.  Gracias por tu perdón y tu perfecto e infinito Amor.  En el nombre poderoso de Jesús. Amen”.
Si usted lo hizo de todo corazón, no solamente usted ha celebrado de la mejor manera esta navidad sino que usted ha provocado la más gloriosa celebración en los cielos de esta época porque lo dicen las Escrituras y es cierto: “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10).

De ahora en adelante recordará, y celebrará también, que usted nació de nuevo en esta época por lo que ahora tiene el reino de Dios en su propia vida (Juan 3).

Y como si fuera poco, celebrará para siempre que en esta navidad,  inmerecidamente, recibió usted el regalo más maravilloso de todos, de la  mano  del mismo Rey, Dios y Señor Todopoderoso: ¡la vida eterna!
¡Feliz Navidad!


[1] Mede Joseph, Works, London  1672; Discourse XLVIII, citado por Alexander Hislop en The Two Babylons, Londres 1957.
[2] Citado por John Stoth en Basic Christianity, usado con permiso de Inter Varsity Press, Downers Grove, Ill.

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