lunes, 23 de julio de 2012

JESÚS SANADOR







Aquí va a aprender cómo adquirir una supermedicina, una medicina para toda enfermedad, lo que es excelente dadas las circunstancias de estos tiempos.

Nos movemos en un mundo en donde la enfermedad causa los peores estragos, en donde muchos padecen de infecciones, virus antiguos y nuevos; en donde aparecen de un momento a otro enfermedades insospechadas que asesinan a muchos y causan pánico al resto.  Vivimos en una época en donde, además,  las políticas de salud pública son muy deficientes y el negocio de los medicamentos es el mayor del mundo, junto con el de las armas.  Vivimos en un tiempo en el cual la gente está azotada, indiscriminadamente, por dolencias, padecimientos y afecciones que no son, de ninguna manera, el propósito de nuestro Dios Creador, ni mucho menos enviadas por Él para probarnos o dañarnos.

No.  La enfermedad entró al mundo con la caída de Adán por su desobediencia.  Su fuente es el pecado y el mismo Adversario quien, según la Biblia “no viene sino para hurtar y matar y destruir”; mientras Jesús ha venido para que quienes pongamos toda nuestra confianza en Él tengamos vida y para que la tengamos en abundancia.[i]

Por todo esto, tenemos necesidad imperiosa de descubrir qué dice Dios el Señor acerca de la sanidad y qué esperanza tenemos en Él para sanarnos.

Precisamente sobre este tema hay en la Escritura, entre muchos, un pasaje que nos muestra aspectos interesantes e impactantes acerca del amplio tema de la sanidad y su estrecha relación con el Creador.

La revelación de esas verdades, a través de esta porción de la Escritura, causará en su vida un efecto infinitamente major que el de una medicina para toda enfermedad.

Nos narra la escritura que en una de las tantas veces que Jesús entró a Capernaum, vino a Él un centurión, rogándole, y diciendo: “Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”.  Cuando Jesús lo oyó, sin más ni más, le respondió inmediatamente: “Yo iré y le sanaré”.  Entonces el centurión le respondió: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.  Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”.  Cuenta enseguida la Biblia que al oír esas palabras, esas explicaciones y ese razonamiento del Centurión “Jesús se maravilló y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.  Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

El final feliz de la historia es que, después de lo anterior, Jesús concluye, diciéndole al centurión: “Ve, y como creíste, te sea hecho”.  Y, maravillemosnos y regocijemosnos con la frase final de este pasaje: “su criado fue sanado en aquella misma hora”.[ii]

Cuando uno lee esta historia puede pasar por alto muchos detalles y explicaciones que aquí precisamente quiero resaltar.
Primero que todo pongamos nuestra atención en una verdad que aparece aquí aparentemente escondida pero que se levanta como un faro de esperanza.

Jesús es Dios.

Todo este suceso acontece en Capernaum.  Capernaum era una ciudad junto al mar de Galilea, ubicada en esa época en el límite que separaba la jurisdicción de Herodes Antipas de la jurisdicción de su hermano Felipe.  Había allí una guarnición dirigida por un capitán romano o centurión, el cual había edificado la sinagoga judía de la ciudad.  Siempre será recordada esa ciudad pues, además de haber sido la ciudad de Pedro y Andrés, también es llamada la ciudad de Jesús por ser como el epicentro de Su  ministerio, habiendo realizado allí muchos milagros y enseñado muchas veces en la sinagoga de la ciudad.  También la recordaremos porque Jesús pronunció juicio tremendo sobre ella y otras ciudades por su falta de arrepentimiento cuando habían visto tantas señales en su tierra.  En efecto Jesús dijo: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.  Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.  Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida”.[iii]

Empiezo por esto porque seguramente la ciudad en la cual usted habita tendrá cosas en común con Capernaum.  Muy seguramente ahí también se ha visto un montón de milagros del Señor.  A la fija, su ciudad es un hermoso centro de operación de Jesús pues El habita en muchos corazones de residentes de esa ciudad.  Muy seguramente, mientras en la ciudad que usted habita todos dicen creer en Dios, muchísimos en realidad están lejos de Él y se niegan a arrepentirse y reconocer que El es Señor de sus vidas.

Pues bien, en una ocasión de las muchas que Jesús entró en la ciudad de Capernaum, se acercó ese Capitán Romano o Centurión, cuyo nombre no se menciona en la Biblia, rogándole y diciéndole: “Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”.

Recordemos que el centurión (en latín, centurio y en griego hekatontarchos) es el rango que ha recibido una mayor atención por parte de los estudiosos del ejército romano.  Como leímos en Wikipedia, se trataba de oficiales «con un mando táctico y administrativo, siendo escogidos por sus cualidades de resistencia, templanza y mando.  Comandaban una centuria, formada por 80 hombres, en función de las fuerzas en el momento dado y de si la centuria pertenecía o no a la Primera Cohorte (Agrupación)…  Cada centurión era asistido en su centuria por un optio, un signifer y un tesserarius, suboficiales que reciben el nombre de “principales”.  El primero era el lugarteniente del centurión –lo ayudaba en la táctica y en el mantenimiento de la disciplina y la forma física de los soldados…-, el segundo era el portaestandarte y tesorero de la centuria, y el último se encargaba de suministrar las contraseñas y de actuar de oficial de enlace».

Como ya habrán notado, no fue cualquier persona que se acercó a Jesús.  El Centurión era una autoridad romana respetada, perteneciente a una Legión que es la unidad de guerra más efectiva que ha tenido la humanidad.  Por supuesto, debía lealtad a su emperador (en esa época Tiberio, sucesor de Augusto) y su filiación religiosa era la politeista acostumbrada en Roma, imperio en el cual se practicó el culto, también, a algunos emperadores declarados dioses.  Precisamente, el emperador Augusto había sido declarado dios en el año 14. 

Este era el contexto histórico de la escena y lo resalto porque, como observan, la Biblia nos cuenta que el Centurión se le acercó a Jesús y “rogándole” le dijo “Señor…” 

Si bien es cierto esta palabra “rogándole” no viene de la palabra griega “proskyneo” que  significa adoración, sí podemos decir que el Centurión le imploraba (parakaleo) o le pedía fervorosamente a Jesús un favor inmerecido. Pero esa segunda palabra que trae la Biblia al mencionar que el Centurión le dijo a Jesús “Señor”, sí merece un comentario, pues esa palabra “Señor” fue traducida de la palabra  griega originalmente escrita aquí que fue  “Kyrios”.  “Kyrios” significa nada más ni nada menos “amo soberano que gobierna toda la creación”.

Entonces el cuadro es impactante porque se trata de un romano con la importancia que hemos descrito, en un lugar donde ejercía plena autoridad pues el imperio había invadido y subyugaba a Israel, practicante de una religión que hacía culto a sus gobernantes y otros por ellos considerados “dioses”; quien en ese momento reconoce al autor de la creación del cielo y de la tierra y le declara Señor.

Con esa declaración, el Centurión da por entendido que se somete a Él.  Da a entender que en su calidad de ser creado por Jesús, se somete al amo de toda la creación.  Una tremenda enseñanza que fue plasmada en el Evangelio para darnos muestras de que ¡ante Su Nombre excelso se debe doblar toda rodilla!

¡Jesús es Dios y será Dios por los siglos de los siglos!  Su autoridad y soberanía merecen ser reconocidas en nuestra vida.  Mejor: es urgente que Su Autoridad y Soberanía sean reconocidas y aceptadas en nuestras vidas, pues debemos saber que la Biblia declara a Jesús como Dios al expresar que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”.[iv]

Ahora bien, Jesús, como lo dice la misma Biblia,  “es el mismo ayer, hoy y por siempre”.[v]  Luego,  lo primero que debemos hacer es aceptar la Soberanía de Jesús, aceptar que El es el mismo Dios hecho carne que habitó entre nosotros, vivió y murió en la cruz por nosotros y en el lugar nuestro, pagando el precio de nuestros pecados, resucitó al tercer día y nos ofrece un lugar en el cielo, la vida eterna que podemos solamente recibir por fe en Él, poniendo toda nuestra  confianza totalmente en Él y arrepintiéndonos de todo corazón.  Usted puede ahora mismo, sin más fórmulas sacramentales y con una sola oración, reconocer a Jesús como Dios y rendirse a Él.  Si así lo quiere, repita en voz audible a Él esta oración: Amado Jesús. Hoy acepto que eres Dios.  Confieso con mi boca que Tu Jesús eres de ahora en adelante mi Señor y Redentor, y creo en mi corazón que Dios te levantó de entre los muertos.  Recibo de Tu mano la vida eterna que me ofreces y me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados contra ti.  Te doy gracias por tu infinito amor y perdón, amén.

Si usted ha hecho de corazón esta oración, usted ahora tiene un Dios que se identifica como Sanador.


Jesús es Dios Sanador.

Habíamos dicho ahora que Jesús es Dios y es el mismo ayer, hoy y siempre.  Pues bien la misma  Biblia que hemos venido citando trae el siguiente pasaje que nos pone de presente la esencia de Su Ser Sanador: “E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.  Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.  Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?  Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron.  Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (subrayado fuera de texto). [vi]

Dios era conocido como Jehová o Yahveh Rafa, como usted lo prefiera, en el Antiguo testamento.

Esa misma esencia sanadora de Dios puede leerse en Deuteronomio: “Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres.  Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría.  Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados.  Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren” (subrayado fuera de texto).[vii]  Y aun más, en el libro de los Salmos: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.  Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.  El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (subrayado fuera de texto).[viii]

Es de aclarar que en las Escrituras anteriormente citadas cuando se dice algo como “ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti”, el verbo original en hebreo es realmente “permitir enviar”.

Jesús es el mismo Jehová o Yahveh de quien hablan esas Escrituras.

Jesús se presentó varias veces a sí mismo con la fórmula del gran Yo Soy mientras estuvo entre los judíos.  Esa misma fórmula fue empleada por  Dios Yahveh, también, para nombrarse a sí mismo cuando Moisés le pidió que le dijera Su nombre.  En la Biblia leemos: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.  Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?  ¿qué les responderé?  Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY.  Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”.[ix]

Jesús repitió esa fórmula varias veces para identificarse.  Un día, por ejemplo, controvirtiendo con los judíos les dijo: “Vosotros
sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.  Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.  Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres?  Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.  Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.  Pero no entendieron que les hablaba del Padre.  Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo” (énfasis fuera de texto).[x]

Por otro lado, la Palabra Santa de Dios también  es sanadora.  La Palabra de Dios sana y así mismo lo declara el Creador para todos nosotros: “Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.  Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina” (subrayado fuera de texto).[xi]  El Evangelio de Mateo lo confirma respecto a la Palabra de Jesús: “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos…” (subrayado fuera de texto).[xii]

Pues bien, ese mismo Jesús es el que manifiesta aquí, en el pasaje de Mateo que citamos al inicio, Su Voluntad indeclinable y siempre dispuesta para sanar.  Fíjense que una vez el Centurión le ruega que sane su criado, Jesús inmediatamente le dice que El irá y le sanará.  No hay duda ni condiciones de ninguna clase en su respuesta.  No pregunta dónde está el criado, si está lejos o cerca, no pregunta quien es el criado, qué clase de persona es, ni siquiera pregunta por su nombre, simplemente manifiesta “Yo iré y le sanaré”.

Jesús es el mismo Dios Sanador del Antiguo Testamento.  El tiene el Poder para sanar cualquier enfermedad, Su Nombre es sobre todo nombre y por eso todo nombre de enfermedad debe doblar su rodilla ante Jesús.

De Jesús, además, brotaba, salía poder sanador.  Eso está escrito varias veces en la Biblia.  En el Evangelio de Marcos se cuenta sobre una mujer que “desde hacía doce años padecía de flujo de sangre”, la cual fue testigo de primera mano de esa circunstancia.  Ella, continua el relato, “había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.  Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.  Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.  Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder (sanador) que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?” (paréntesis fuera de texto).[xiii]

En el evangelio de Lucas también se da cuenta del poder sanador que salía de Jesús.  Leamos el pasaje: “Y descendió con ellos (Jesús), y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.  Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder (sanador) salía de él y sanaba a todos” (paréntesis fuera de texto).[xiv]

Lo anterior es muy importante saberlo porque Dios quiere que conozcamos esas cualidades Suyas de sanador y que, sabiendo eso, tengamos plena confianza en que la enfermedad o dolencia no puede resistirle porque El tiene una autoridad y un poder que sobrepasa aun lo que no podemos imaginar.


Jesús tiene y ejerce toda potestad y autoridad.

Jesús mismo dijo que a Él había sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra.[xv]  Toda, toda.   Jesús tiene ese grado sumo de autoridad y la ejerce.

Enseñó con autoridad.  Así lo vemos en el Evangelio de Mateo donde se nos cuenta que “la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.[xvi]

Ejercía y ejerce esa autoridad sobre la naturaleza, como cuando hizo calmar la tempestad en el mar de Galilea.  ¿Recuerdan la historia?  Cuenta Mateo que una vez Jesús iba con sus discípulos en una barca y “se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.  Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!  El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?  Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.  Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”[xvii]

Ejercía y ejerce esa autoridad sobre los espíritus.  El es el Señor de los espíritus.  El Evangelio de Marcos nos trae este relato asombroso: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.  Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!  Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.  Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?”[xviii]

Ejercía y ejerce esa autoridad y potestad sobre las enfermedades y dolencias, como lo hace acá en este pasaje que estudiamos de Mateo.  Por eso mismo, cuando Jesús dice al Centurión que El irá a sanar al criado, el Centurión le replica: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.  Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”.

Aquí debemos aclarar algo al margen.  El Centurión no se sentía digno de que Jesús visitara su casa y entrara en ella, pero ese no es el caso con usted.  ¡Usted sí es digno!  No porque usted lo merezca o haya hecho méritos y lo haya ganado.  No.  Usted es digno porque ¡Dios lo hizo digno al escogerlo desde antes de la fundación del mundo, al llamarlo, al salvarlo, al amarlo primero!  Usted es digno porque Jesús el más Digno está en usted, es Su Señor.  Jesús habita en su corazón, en su casa, en su hogar.

Pero sigamos con el Centurión.  El conocía qué era la autoridad, la ejercía sobre los 80 legionarios soldados del ejército romano bajo su mando.  El sabía que la autoridad se ejercía con la palabra, como la autoridad de cualquier  emperador o rey o gobernante el cual decreta y eso que decreta se cumple.  Pero aquí lo asombroso es que un impío romano supiera y confiara en que ese Jesús, a quien se dirigía, tenía y podía ejercer ese tipo de autoridad.  Con estas palabras el Centurión declaraba abiertamente que creía en su corazón que Jesús era el Kyrios, Señor y Dueño de toda la creación, por encima de su emperador, quien también era un ser creado, y que podía ordenar sobre toda la creación, haciendo cumplir sus decretos.  El Centurión estaba convencido en su espíritu que Jesús  tenía el poder de la vida y la muerte, ¡que tenía todo el poder y autoridad en el cielo y la tierra!  Que todo, seres animados e inanimados, sometidos a Su autoridad obedecían lo decretado por Jesús.

¡Tremendo eso!  El centurión sabía perfectamente la relación entre autoridad, potestad y obediencia.  Por eso dijo que cuando él mismo ordenaba al uno ir, ese iba y al otro venir, ese venía, pero cuando ordenaba a un siervo hacer, este hacía.

El centurión creía en su corazón que Jesús es Dios y lo declaró con su boca.  Al actuar así, obró con fe, tuvo la certeza absoluta de la sanidad de su criado que el esperaba y la convicción de lo que no podía ver.[xix] 

Eso mismo es lo que debemos hacer siempre: creer en nuestro corazón, declararlo con nuestra boca y pasar a la acción, dando pasos de fe.

Fue tanta la certidumbre que el hombre tenía de esas cosas y la fe de que el Señor podía sanar de esa manera a su criado que Jesús se asombró de él.

¡Imagínese al mismo Dios, creador del cielo y la tierra, maravillado, asombrado de un simple oficial romano!  No en vano esta afirmación fue dejada escrita en la Biblia.  Eso quiere decir que Dios se asombra, se maravilla y se agrada cuando tenemos fe, expresamos fe, ponemos en acción nuestra fe.  ¡Sin fe es imposible agradar a Dios![xx]

Jesús Dios, quien se asombró, se maravilló del romano por la fe que mostró, ¡también se asombrará y maravillará de usted, tenga usted el gentilicio que tenga, por la fe que usted ponga en práctica!

Y es precisamente esa fe la que le permitirá recibir ese regalo precioso de la sanidad.

Usted recibe la sanidad por fe.

Dios es quien puede sanar y sana.  De hecho ya ha sanado porque conocemos el pasaje de Isaías 53 que se cita parcialmente en el Nuevo Testamento en 1 Pedro 2: 24: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (subrayado fuera de texto).

Sabemos que los verbos en el anterior pasaje están tiempo en pasado, por lo cual podemos afirmar que Jesús ya proveyó sanidad en la cruz para que usted y yo seamos sanos.  Por eso no pida que Jesús lo sane más rato o mañana u otro día.  Declare que ya está sano en el nombre de Jesús y que recibe esa sanidad que ya está dada en el cielo para usted o la persona que usted aprecie o ame.

Y si la sanidad ya ha sido provista, sólo basta recibir esa sanidad por medio de la fe.  La sanidad es producto de la Gracia de Dios y todo lo que viene de Su Gracia es, como ese nombre lo indica, ¡Gratis!  No merecemos esas cosas que El nos regala, ni podemos ganarlas.  Pero Dios proveyó un medio, un instrumento que nos sirve como el brazo del mendigo que se estira para recibir.  Así recibimos Su Gracia sanadora, al igual que recibimos Su Gracia Salvadora.  Por medio de la fe.

Y, ¡ojo!, No necesitamos ser campeones de la fe, no necesitamos una fe grande como una montaña porque no es nuestra fe la que sana.  No necesitamos una fe grande porque Grande es Dios para hacer lo que El quiere.  Y el siempre quiso sanar y sanó a todos.  ¡El que sana es Jesús!  Por eso El dijo que “si tan sólo tuviéramos una fe tan pequeña como un grano de mostaza diremos a cualquier monte “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y ¡nada nos será imposible![xxi]

La gente se fija siempre en lo grande del monte y se pregunta cómo Él lo hará, se fija en la dimensión del monte, pero nadie se fija en que Jesús dice después algo más extraordinario: NADA NOS SERÁ IMPOSIBLE.  Sólo teniendo fe como una grano de mostaza.  Sólo esa pequeña fe es suficiente para recibir la Gracia abundante de Dios que es como la fuerza de Su Poder: ¡Supereminente![xxii]

Por eso Jesús, después de maravillarse por la fe del Centurión dice que ¡ni aun entre el pueblo suyo de Israel ha hallado tanta fe!  Y profetiza que Su Salvación ¡llegará a todos los pueblos del mundo, lo cual sigue sucediendo en estos días!

Jesús, entonces, simplemente le dice al Centurión: “Ve, y como creíste, te sea hecho”. 

Pero entendamos correctamente: Jesús le dijo al Centurión que ¡la sanidad de su criado fue concedida al Centurión!  ¡Oh maravillosa Gracia del Salvador!

Cuando Jesús dice “como creíste, te sea hecho”, esa palabra “creíste”, proveniente del verbo creer, es traducida del griego “pisteuo” que significa “creer hasta el punto de confiar totalmente”. 

Cuenta enseguida el pasaje analizado que el criado del Centurión fue sanado ¡en ese mismo momento en el cual Jesús pronunció esas palabras!

Cada vez que leo un versículo o pasaje que nos narra una sanidad hecha por Jesús ¡mi espíritu se conmueve, mi esperanza se fortalece, mi fe se agranda, mi gozo crece!  Además, noto que no hay nunca en Jesús manifestaciones de teatro, no zapatea, no hay espectacularidad en la actuación sino solo en el resultado.  Con actos sencillos, palabras en tono moderado pero con autoridad y poder, sin show, la gente es sanada.  ¡Claro ejemplo para estas épocas!

Ahora bien: ¿quién se sanó?  ¡El Criado!  El ni siquiera se había enterado de todo eso, el estaba postrado, grave, a punto de morir.  Muy seguramente no conocía a Jesús, nunca había hablado con Él.  No se enteró de nada.  ¡Sólo supo que estaba muy grave y de un momento a otro sanó!  No merecía nada, no hizo nada, no podía ganar nada pues no se podía ni mover.  Pero la Gracia de Dios se extendió hasta él.  El Criado gozó de la Gracia de Dios porque su amo, su patrón, el hombre bajo autoridad del cual el permanecía creyó y confesó con fe que podía recibir del Señor la sanidad para él.  Una enseñanza tremenda también, pues Dios nos dice aquí que cada vez que creemos y confesamos, que actuamos con fe, que nos movemos en fe, ¡nuestro entorno es afectado positivamente!  ¡Nuestra casa se sana, se salva!

Oh maravilloso Dios, majestuoso Jesús, tu soberanía es sobre todo!  ¡Que maravilloso saber que eres nuestro Dios!

Soy testigo de un milagro igual.  Lo hizo el mismo Jesús con mi papá en Julio de 2012.  Mi papá sufrió un infarto mientras estábamos varios hijos suyos con mi mama haciéndole visita y no nos dimos cuenta porque el simplemente se durmió profundamente y después no lo pudimos despertar.  Lo llevamos en ambulancia a urgencias de la clínica y seguidamente ellos ordenaron meterlo a la UCI.  Cuando lo visité allí al día siguiente sentí mucho dolor al ver la gravedad de su estado.  Todos estábamos seguros de que moriría.  ¡Creo que todos alcanzamos a llorar su muerte inminente!  Empezamos a orar con mi esposa para que Dios hiciera Su Voluntad y entregamos a mi papá en Sus manos.  Pero Dios me dijo después “No se de por vencido, siga orando por él”.  No entendí muy bien eso, pues era consciente de lo natural que era la muerte de mi padre, un hombre de 87 años, con complicaciones cardiacas, diabético, con cáncer de piel y quien hace varios años se deleitaba diciendo que iba a morir.  Sin embargo le  conté a  mi esposa lo que Dios me había dicho y empezamos a orar diferente.  Empezamos a enviarle a todos mis parientes cercanos los versículos de sanidad que Dios me mostraba para que oraran de acuerdo con ellos (Salmos 91:16; Jeremías 33:6, Hechos 4:30, Éxodo 23:25, Juan 11:4, Salmo 23, Mateo 12:20, Salmos 117:17).  Le dije, también, a los niños de la familia que oraran con base en esos versículos.  Ese lunes nos reunimos todos los miembros de mi familia, les hablé de lo que Jesús había hecho con el Centurión, les hablé de lo que significa la fe y cómo movernos en ella, les dije que Jesús era hoy el mismo que en aquella época, que si aceptábamos Su soberanía en nuestras vida, reconociéndole como nuestro Señor, arrepintiéndonos sinceramente de nuestros pecados seríamos salvos; que si además creíamos en nuestro corazón, confesando con nuestra boca que El es el mismo ayer, hoy y siempre, y además creíamos en nuestro corazón y confesábamos con nuestra boca que el haría con mi papá como hizo con el siervo del centurión, mi papá entonces saldría de la UCI. 

Eso hicimos.  Declaramos con autoridad en el nombre de Jesús que el era sano en esa hora, sabiendo que Jesús vive en nosotros y Su autoridad habita en nosotros.  Al día siguiente, martes, mi papá fue sacado de la UCI a una pieza de la clínica.  A veces estaba muy desanimado, otras bien, pero seguíamos orando para que Dios guardara su sanidad.  Hoy (agosto de 2012), para la gloria del Hijo de Dios, mi padre está en casa, con las limitaciones de su edad, pero rodeado de los suyos quienes ahora reconocen que hay poder en Jesús y Su Palabra.  Que Jesús es Soberano.  Que Jesús es Dios.  Que si la Biblia lo dice, lo debemos creer y confesarlo en Su Nombre, que si lo creemos y lo confesamos en Su Nombre, El, Jesús, lo hace, y ¡si El lo hace hecho está!

¿Usted o alguna persona que usted aprecia o ama mucho está enfermo en estos momentos?  Bueno, en esta Palabra usted tiene una ruta segura para recibir la sanidad que usted o esa persona necesita.

Simplemente Ore al Señor.  Dígale a Jesús que de ahora en adelante Lo admite como Señor y Redentor personal.  Dígale que Su Palabra lo  reconforta a usted, es refrigerio a su vida y es verdad, que Su Palabra le hace libre a usted y a sus seres queridos de enfermedad, de dolencias, de virus, de daño producto de ataques del enemigo a su cuerpo o el de sus seres queridos.  Dígale que tiene un corazón agradecido porque a El le ha placido darle  esa provisión gratuita de sanidad para su vida y/o la de sus seres queridos.  Dígale que hoy  reconoce la soberanía del Señor Jesús, reconoce Su Autoridad, reconoce que Su Nombre es sobre todo nombre que se nombra en la tierra y en el cielo.  Que se rinde a Él.  Que  le recibe en su corazón como el único gobernante de su vida, arrepintiéndose de todos sus pecados.  Declare en esta hora, con la autoridad delegada que Dios le ha dado,  sabiendo que El habita en usted, que usted y/o los suyos son sanos por Sus llagas en la cruz, que Jesús envía Su Palabra y sana ahora de toda enfermedad y dolencia a sus seres amados y a usted mismo.  Declare que recibe esa sanidad con fe, sin dudar nada y que canta himnos de alabanza en honor a Su Nombre porque El es Santo y Su misericordia es para siempre, todo en el nombre de Jesús de Nazaret, amén.


[i]                 Juan 10:10
[ii]                 Mateo 8: 5-13:
[iii]                Lucas 10: 13-15
[iv]                Juan 1:1 y 14
[v]                Hebreos 13:8
[vi]                Éxodo 15: 22-26:
[vii]               Deuteronomio 7:12-15
[viii]               Salmos 103:1-5
[ix]                Éxodo 3:13-14
[x]                Juan 8:23-28
[xi]                Salmos 107:19-20
[xii]               Mateo 8:16
[xiii]               Marcos 5:25-30:
[xiv]              Lucas  6:17-19
[xv]               Mateo 28:18
[xvi]              Mateo 7:29
[xvii]              Mateo 8:23-27
[xviii]             Marcos 1:23-27
[xix]              Hebreos 11:1
[xx]               Heb 11:6
[xxi]              Mateo 17:20
[xxii]              Efesios 1:19

domingo, 1 de abril de 2012

ENTREVISTA EN LA NACIÓN (Marzo 12 de 2012)


Carlos Mauricio Iriarte, ex candidato liberal a la Gobernación del Huila, analiza la actual situación fiscal del Departamento, entre muchos otros asuntos.
NELSON ROJAS OSORIO
LA NACIÓN, NEIVA
Dedicado a sus quehaceres profesionales y personales, LA NACIÓN dialogó con el ex candidato a la Gobernación del Huila, Carlos Mauricio Iriarte, quien aseguró que las administraciones de Cielo González y Pedro Hernán Suárez no resisten hoy un balance por el poco tiempo transcurrido.
Aseguró el dirigente liberal que le desea el mejor de los éxitos a la Gobernadora, que hoy no está en campaña porque no le gusta hablar de conjeturas y expresó que una posible candidatura al Congreso es un tema del cual hoy se puede hablar, porque en “política cada día traen su afán”.
Entregó Carlos Mauricio Iriarte un dato preocupante. “La verdadera crisis de las regalías en el Huila se verá en el 2013, ya que este año con todo y los recortes, llegarán cerca de 200.000 millones de pesos”.
¿Qué opina hoy Carlos Mauricio Iriarte de la actual crisis fiscal del Departamento y del Municipio de Neiva?
Bueno, todos estábamos advertidos de los tiempos difíciles que traería la modificación centralista del régimen de regalías.  Ahora lo que debe imperar es la austeridad, el sano ejercicio del poder, las medidas a fondo para combatir la corrupción, el mejoramiento continuo de los procesos administrativos y fiscales, la focalización detallada de la inversión privilegiando sectores de impacto para ampliar nuestra base productiva, el ingenio y la unidad de nuestra clase dirigente para acceder a más fuentes de financiación para los proyectos de importancia regional y, en fin, todo lo que redunde en beneficio de la eficiencia y transparencia de la gestión. Sin embargo, observo que en este año 2012 la situación no va a ser tan difícil para el Departamento, pues contará con unos ingresos por regalías cercanos a los 200.000 millones de pesos, sin contar con lo que corresponderá al Huila por los fondos de compensación regional de ciencia y tecnología, de ahorro y estabilización, y de ahorro pensional, todos creados por el acto legislativo, lo cual sumará más de 150.000 millones. A todo eso hay que sumarle los recursos propios, los provenientes del Sistema General de Participaciones y los del Plan Departamental de Aguas. La crisis verdadera para el Departamento empezará el próximo año, pero aún le quedan al gobierno departamental buenos nueve meses largos para preparar un efectivo plan de choque.
¿Qué análisis puede hacer de la gestión de la gobernadora Cielo González Villa y del alcalde Pedro Hernán Suárez?
Creo que está muy temprano para hacer análisis y balances de unos gobiernos que llevan apenas un poco más de 60 días.
¿Cree usted que las bancadas liberales en la Asamblea y el Concejo de Neiva han hecho su correspondiente trabajo?
No me cabe duda de que la Asamblea y el Concejo de Neiva, dentro de la autonomía que les corresponde, le darán a los gobernantes las herramientas necesarias para que sus gobiernos no tengan tropiezos. Asimismo confío en que ejercitarán el control político dentro de un marco de respeto, pero de lealtad para con los electores.
¿Qué aporte le podría hacer usted a los dos mandatarios?
Hombre, ya las directivas de mi partido han definido el marco de las relaciones con los gobernantes. En el caso del Departamento se ha planteado la no participación en el gobierno, la colaboración en lo que signifique desarrollo regional y oposición a lo que afecte el bienestar de los huilenses. En el caso de Neiva se definió la participación y colaboración del liberalismo en el gobierno. Como siempre, he sido respetuoso de los lineamientos del partido y me mantendré en esa línea.
¿Qué hace hoy, a qué se dedica?
Le cuento que he visitado ya buena parte de los municipios para dar personalmente las gracias a quienes nos ayudaron y voy a seguir haciéndolo unos fines de semana más. Por lo demás, me dedico a lo normal. A trabajar, a explorar opciones en el sector privado y a estar pendiente de las necesidades y expectativas de los amigos, conectando sus aspiraciones con nuestros amigos en el Gobierno Nacional, en los gobiernos locales y en el Congreso de la República.
El senador Rodrigo Villalba asegura que en seis meses se despejará la incertidumbre sobre si se tendrán o no  nuevas elecciones. ¿Sería usted nuevamente candidato en dicha eventualidad?
Lo primero que tengo que decir y ya lo he dicho por diferentes medios de comunicación, es que no deseo que a la Gobernadora le vaya mal ni en su gestión, ni en su vida privada, ni en los procesos que afronta. No me gusta hablar sobre conjeturas o eventualidades incluidas las de ese tipo.  En todo caso, el Huila sabe que donde yo esté, donde Dios me ponga, siempre estaré listo a trabajar por este departamento que amo tanto.
¿Sería posible una unión bipartidista entre conservadores y liberales para enfrentar al Partido de La U, ante su crecimiento político a futuro?
Es claro que hoy no hay elecciones a la vista.  Las próximas son las de Congreso. Hay que dejar que de La U en el Huila se encarguen muy bien la Gobernadora, su hermano Carlos Julio y el senador Jorge Eduardo Gechem.
¿Le interesaría buscar un escenario en el Congreso si por ejemplo Rodrigo Villalba decidiera buscar una nueva gobernación en tres años?
He aprendido en estos últimos años de mi vida a no agregar afanes a los afanes de hoy. Está muy pronto para hablar de elecciones de Congreso. Ya llegará el momento a partir del cual hablaremos lo que quiera de ese tema.
¿Observa usted en el panorama otro posible candidato  a la Gobernación del Huila?
No me cabe duda que el Huila tiene hombres y mujeres de mucha capacidad. Habrá que esperar a que estén cerca las elecciones a Gobernación para saber quiénes serán realmente candidatos.
¿Qué no haría hoy en una futura campaña, frente a lo que ha hecho en las dos últimas?
No se desarrolla hoy una nueva campaña. Acabamos de pasar por una. Creo que nuestra campaña a la Gobernación del año pasado estuvo llena de aciertos, hicimos planteamientos centrados y realizables, contamos con un excelente equipo de trabajo, y eso dio como resultado que más de 142.000 huilenses nos acompañaran en las urnas.  Tengo un corazón agradecido con todos aquellos que nos apoyaron. He dicho que mi amor por el Huila y los huilenses es incondicional y no depende de resultados electorales.
¿Cómo quedaron las cuentas de la campaña terminado el ejercicio electora el 31 de octubre del año anterior?
Todo el mundo vio y nuestros amigos políticos fueron testigos de la escasez económica de nuestra campaña. Quedaron deudas, pero en su debido momento garantizamos su pago con la pignoración de la cuenta de reposición de votos.
Lo primero que tengo que decir y ya lo he dicho por diferentes medios de comunicación, es que no deseo que a la Gobernadora le vaya mal ni en su gestión, ni en su vida privada, ni en los procesos que afronta.  No me gusta hablar sobre conjeturas o eventualidades incluidas las de ese tipo.
En el caso del Departamento se ha planteado la no participación en el gobierno, la colaboración en lo que signifique desarrollo regional y oposición a lo que afecte el bienestar de los huilenses.  En el caso de Neiva se definió la participación y colaboración del liberalismo en el gobierno.

jueves, 15 de diciembre de 2011

¡CELEBREMOS A JESÚS!

¡Celebremos 
a Jesucristo!






Carlos Mauricio Iriarte

Bogotá, Colombia

© 2017 by Carlos M Iriarte
All rights reserved.

ISBN 978-1-365-91838-4

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina Valera 1960, Sociedades Bíblicas Unidas, a no ser que se indique otra fuente.

Printed in Colombia.


INTRODUCCIÓN


Celebrar la navidad es de las cosas que más nos gusta a muchos en todo el mundo.  Lo hacemos de diversas maneras, gozamos la época con muchas cosas y nos parece que es un tiempo especial pero muchas veces no somos lo sufi-cientemente conscientes de la razón de ser de estas celebraciones y de cómo gozarnos mejor estas fiestas.

Estoy seguro de que este libro nos dará una nueva perspectiva de estas celebraciones de-cembrinas.



Gracias
Dedico este escrito a todas las familias que, con alegría, celebran la navidad.


1

CAPÍTULO ÚNICO: 
¡CELEBREMOS 
A JESUCRISTO 
EN ESTA NAVIDAD!

Hay abundante literatura no concluyente sobre la fecha del nacimiento de Jesucristo, pero en la Biblia nunca se menciona dicha fecha con exactitud.  Al-gunos dicen que fue en marzo, otros en primavera, otros antes de empezar las lluvias de octubre, otros más osados el 29 de septiembre del año 2 A.C., etc.; pero lo que podemos concluir es que todo indica que la fecha de nacimiento de Jesús no podría ser el 25 de diciembre por varias razones que no nos deten-dremos a analizar.  Simplemente traigamos a cola-ción lo que escribió Joseph Mede : “Cuando ocurrió el nacimiento de Cristo, toda mujer y todo niño iban a ser censados en la ciudad a la cual pertenecían, a algunas de las cuales habían largas jornadas; pero a mediados del invierno no era la época apropiada para tales asuntos, especialmente para una mujer embarazada ni para que viajaran los niños.  Por tan-to, Cristo Jesús no pudo nacer en la mitad del in-vierno.  Además, en el tiempo de nacimiento de Cristo Jesús, los pastores permanecían afuera para cuidar sus rebaños en las horas de la noche, pero no era probable que ocurriera esto a mediados del in-vierno.  Si alguien cree que el viento en invierno no era tan difícil de soportar en estas regiones que re-cuerde las palabras de Cristo en el evangelio: ´orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno´.  Si el invierno era un tiempo tan malo para huir, parece que no era un tiempo adecuado para que los pastores permanecieran en los campos ni para que viajaran las mujeres y los niños”. Esto lo escribió Mede, ha-ciendo referencia a las Escrituras que nos enseñan en Lucas 2 del 8 al 12: “En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños.  Sucedió que un ángel del Señor se les apareció.  La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor.  Pero el ángel les dijo: No tengan miedo.  Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.  Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.  Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño en-vuelto en pañales y acostado en un pesebre´.”

Y si el nacimiento de Jesucristo no fue el 25 de diciembre, ¿por qué razón lo conmemoramos en esa fecha?  Al parecer la primera vez que se mencionó el 25 de diciembre como la fecha en que Jesús nació fue en el Calendario de Filócalo, en el año 354 D.C.  Posteriormente esa fecha del 25 de diciembre fue aceptada oficialmente por “los padres de la iglesia” como la fecha oficial del nacimiento de Jesús en el año 440 D.C., al parecer como un “sincretismo” con la fiesta de la Saturnalia celebrada en el Imperio Romano por la época del solsticio de invierno, lo que convierte a estas festividades para algunos en “fiestas paganas”.  

Bueno, pero dejémonos de teorías que solo nos distraen en discusiones interminables y concentré-monos en lo fundamental.

Lo fundamental aquí no es discutir sobre todos esos detalles. Lo fundamental aquí no es discutir.  Es mucho más provechoso y edificante hablar acerca de la Verdad que es Cristo Jesús.

Lo que realmente importa sobre estas festivida-des es que así no celebremos en la fecha exacta de sus cumpleaños, en esta época festejamos o recor-damos un acontecimiento histórico y espiritual muy  importante para la humanidad, como quiera que en todo el mundo se hace referencia a los hechos antes de El y después de El: el nacimiento de nuestro Sal-vador y Redentor, el Señor Jesucristo, el mismo Dios Creador quien se hizo carne con el propósito eterno  de consumar Su obra perfecta en la cruz y resucitar de entre los muertos para volver a la gloria que tenía con el Padre antes de que el mundo fuese (Juan 17:5).    Este último es el punto.  

La Biblia dice en Juan 1:1 y siguientes: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  Este era en el principio con Dios.  Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.  En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Pa-dre), lleno de gracia y de verdad”.

¡Dios mismo entre nosotros!  “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quie-nes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria…” (Colosenses 1:26).

Jesucristo nace con un propósito extraordinario para usted y para mi: Salvarnos, darnos vida eterna y regalarnos todo por Amor.  Él vive una vida sin pe-cado y transforma completamente a la humanidad.  Es, además, el hombre más importante de la historia del mundo en todas sus épocas.  Alguien sin igual.  Incomparable.  Fue concebido y nació de una mane-ra sobrenatural, pues el mismo Espíritu Santo lo engendró y su madre era virgen, es decir no había tenido relaciones sexuales con ningún hombre.  Cris-to Jesús vivió de una manera perfecta, como ningún otro hombre.  No hay registros en la historia de la humanidad de un hombre tan santo, tan noble, tan misericordioso, tan sabio, tan inteligente, tan influ-yente  en los más altos propósitos, tan impecable.  Carnegie Simpson escribió: “Si leyéramos su nom-bre en un lista que empezara con Confucio y termi-nara con Cervantes sentiríamos que sería más una ofensa a la decencia que a la ortodoxia.  Jesús no es tan sólo un miembro del grupo de los más grandes.  Podremos hablar de Alejandro el Grande, de Carlos el Grande y de Napoleón el Grande, pero Jesús se mantiene aparte.  Jesús no es el grande, es el Úni-co…  Charles Lamb una vez dijo que si Shakespeare entrara en esta habitación, todos nos levantaríamos para saludarlo, pero si Jesús entrara todos caeríamos al suelo y trataríamos de besar el borde de sus vesti-dos.  Napoleón Bonaparte dijo de Él: -Yo conozco a los hombres, y les puedo decir que Jesucristo no era un simple hombre.  Entre Él y cualquier otro ser humano en el mundo entero no existe punto de com-paración posible.   Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos formado imperios.  Pero, ¿sobre qué des-cansan estas creaciones?  Sobre la fuerza.  Jesucristo fundó su imperio sobre el Amor; y en este momento hay millones de personas listas a morir por Él”. 

Podríamos citar a muchos más, creyentes y no creyentes enemigos de Jesucristo y la conclusión sería la misma: Jesucristo es sobre todo, es Único, no tiene comparación.  Hizo lo que nadie más ha hecho ni podrá hacer: derrotar el enemigo más temi-do de los hombres: la muerte.  Pronunció las pala-bras más profundas y más grandes que cualquier ser humano pueda oír.  Tanto que Él mismo dice: “Cielo y tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán” (Lu-cas 21: 33).

Hoy Sus palabras son la más leídas, las más creí-das, las más seguidas, las más amadas, las más pu-blicadas, las más traducidas, las más hermosas, las más extraordinarias, las más influyentes.  Jesucristo es el Único Todopoderoso personaje de la historia, pues sin armas, sin poder político, rechazado por la mayoría de su pueblo en su época, sin extravagan-cias, pasó de ser un guía espiritual de 12 hombres a ser el único Dios reconocido por miles de millones de personas.  Él satisface, como ninguno, las necesi-dades espirituales de los hombres.  Sin creer en Él, el universo y la vida se convierten en algo vacío, triste, frío, sin esperanza, sin propósito.  Creyendo en Él, toda la historia, el universo, la vida tienen una expli-cación satisfactoria, un eterno propósito, sentido completo.

Hay cientos de profecías acerca de Él en el Anti-guo Testamento.  Muchas cumplidas con exactitud y otras que se cumplirán, también con exactitud, porque ¡Él vuelve en el momento menos pensado!

A uno le parece al principio cuando lee esto del cumplimiento de las profecías acerca de Él que es algo importante pero no tanto.  Sin embargo lo invi-to a imaginarse a una amiga soltera que pueda estar embarazada dentro de 10 años y a hacer sobre el bebé que nacerá profecías sobre el lugar de su naci-miento, su ascendencia, el nombre que llevará, el sobrenombre que le pondrán, si algún amigo lo trai-cionará por cuánto dinero lo hará, el tiempo exacto de su muerte, cómo morirá, si se partirá algún hueso, entre quienes lo enterrarán y qué pasará con sus vestidos después de su muerte.  Son solo 10 cosas sobre su vida las que usted intentará profetizar.  Las probabilidades de que acierte exactamente con ellas  son muchísimas, pero muchísimas menos de las que tendría un huracán que al pasar por uno de esos in-mensos basureros de chatarra que hay en Estados Unidos ¡dejara perfectamente construido un Jet Boeing 747!  Por eso es tan sorprendente leer algu-nas de esas profecías sobre Cristo Jesús en el Anti-guo testamento: Él sería un descendiente de Abraham (Génesis 22: 18, Mateo 1: 1); Él sería un descendiente de Isaac (Génesis 21: 12; Lucas 3: 23-34); Él sería un descendiente de David (2 Samuel 7: 4-5,12-13; 1 Crónicas 17: 11-14; Salmos 132: 11; Lucas 1: 32-33, 67-69; Hechos 2: 29-30; Mateo 1:17; Romanos 1:3); Él nacería en Belén (Miqueas 5: 2; Mateo 2: 4-6; Juan 7: 42). Él sería de Nazaret y lo llamarían Nazareno (Mateo 2: 23; Lucas 1: 26-27; Juan 1: 45; Jueces 13: 5-7 y 24); el tiempo de Su crucifixión era conocido: 483 años después del de-creto para construir el templo y los muros de la ciu-dad de Jerusalén, el cual se expidió en el año 444 A.C. (Daniel 9:25; Nehemías 2:1-8; 5:14); Él nacería de una virgen (Isaías 7:14; Mateo 1:20-23; Gálatas 4:4; Génesis 3:15); Su nombre sería Emmanuel.  Emmanuel significa "Dios con nosotros." (Isaías 7: 14; Mateo 1: 21-23); Su nombre sería el Mesías (de Israel).  La palabra Cristo en español viene de la palabra griega Christos que quiere decir "El Ungi-do".  Christos en griego es la palabra Mashiach en hebreo que también quiere decir "El Ungido".  La palabra Mashiach quiere decir "Mesías" que es Yes-hua (Daniel 9: 25-26; Juan 1: 41); Él sería precedido por un mensajero (un tipo de Elías conocido como Juan) el Bautista quién prepararía el camino del Se-ñor (Malaquías 3: 1; Lucas 1: 13 y 76; Mateo 11: 7-10); Él hablaría en parábolas (Salmo 78: 2-4; Mateo 13: 34-35); Su ministerio sería sanar al enfermo, poner en libertad a los cautivos, y predicar la libera-ción  (Isaías 61: 1-2; Lucas 4: 16-21; Mateo 4: 23; 9: 34-35; Hechos 2: 22; 10: 38); ninguna palabra mala procedería de Su boca (Isaías 53: 9; Lucas 23: 41; 1 Pedro 2: 21-22; 2 Corintios 5: 21); Sus discípulos lo desampararían (Zacarías 13: 7; Mateo 26: 31-35 y 56); Él entraría a Jerusalén montado en un asno (Za-carías 9: 9; Mateo 21: 5); Él sería traicionado por un amigo (Salmo 41: 9; Juan 13: 18-21); Él sería vendi-do por 30 piezas de plata (Zacarías 11: 12; Mateo 26: 14-16); el precio pagado por la traición se daría para el campo de un alfarero (Zacarías 11: 13; Mateo 27: 3; 7-10); Él moriría por nuestros pecados (Isaías 53: 5; 1 Corintios 15: 3; 1 Pedro 2: 24); de Él se burlarían (Salmo 22: 7-8; Mateo 27: 39-43); Él mo-riría con los transgresores (Isaías 53: 12; Marcos 15: 27-28); Él haría intercesión por sus asesinos (Isaías 53: 12; Lucas 23: 34); Él sería escupido (Isaías 50: 6; Mateo 26: 67, 27:30); se le daría vinagre para beber (Salmo 69: 21; Mateo 27: 34 y 48); Él no abrió Su boca cuando fue acusado (Isaías 53: 7; Ma-teo 26: 63-64; 27: 12-14); Sus vestidos serían repar-tidos a suertes (Salmo 22: 18; Mateo 27: 35); ni un hueso se rompería en Él (Salmo 34: 20; Juan 19: 33-36); Él sería traspasado (Zacarías 12: 10; Juan 19: 34-37); Él sería enterrado con el rico (Isaías 53: 9; Mateo 27: 57-60); Su alma no sería dejada en el infierno (Salmo 16: 10; 49: 15; 56: 13; Hechos 2: 27-31; 13: 33-35); Él sería resucitado de los muertos (Salmo 16: 10; Lucas 24: 6; 31-34; Hechos 2: 27-31; 13:35; Él resucitaría al tercer día de la tumba (Jonás 1: 17; 1 Corintios 15: 4; Lucas 24: 45-46; Mateo 12: 40); Él ascendería al Cielo (Salmo 68: 18; Hechos 1: 9; Lucas 24: 50-51).

En la Página web https://www.volviendoalabiblia.com.mx/Herramientas/ConfiarenlaBiblia.pdf, se hace una referencia al libro de Peter Stoner La Ciencia Habla, editado por Moody Publisher en 1958, haciendo la siguiente reflexión: «Hallamos que la probabilidad de que cualquier hombre que hasta ahora haya vivido pudiese haber cumplido las ocho profecías es de 1 en 10 elevaod a la potencia 17. Esto corresponde a 1 dividido 100 000 000 000 000 000. Para ayudarnos a comprender lo abrumadoramente bajo de esta probabilidad, Stoner la ilustra suponiendo que ´tomamos 10 elevado a la potencia 17 monedas de dólares de plata y los repartimos sobre el estado de Texas. Cubrirían todo el estado con una profundidad de 60 centímetros. Ahora marcamos una sola de las monedas y la mezclamos bien con las otras, en todo el estado. Cubrimos los ojos de un hombre y le decimos que puede viajar tan lejos como quiera, pero tiene una sola oportunidad para levantar una moneda y que sea la marcada. ¿Qué probabilidad tendría de acertar? Exactamente la misma probabilidad que hubiesen tenido los profetas de escribir estas ocho profecías y que todas ellas se cumpliesen por azar en un mismo hombre cualquiera. Stoner considera 48 profecías y dice: "Hallamos que la probabilidad de que cualquier hombre cumpliese las 48 profecías es de 1 en 10 a la potencia 157, o 1 dividido 100 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000. El número total estimado de electrones en todo el universo es de aproximadamente 10 elevado a la potencia 79. Debiera ser muy evidente que Jesús no cumplió las profecías por accidente”. 

Este es el Cristo Jesús que debemos celebrar en las navidades.  El mismo Dios creador del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos hay que se hizo hombre, habitó entre nosotros y pagó el precio de nuestros pecados, sufriendo esa horrible muerte de cruz para consumar su más precioso regalo a la hu-manidad: la salvación.  Lo hizo por Amor, para que los que en Él creamos no muramos sino que tenga-mos vida eterna (Juan 3:16).

La única condición de Dios para salvarnos y dar-nos vida por la eternidad es creer en Él, en Jesucris-to, poner toda nuestra confianza en Él, dejar que entre a nuestro corazón como Señor y Salvador, confesarlo con nuestros labios como Señor y Dios, y creer en nuestro corazón que Dios le resucitó de entre los muertos.  No hay más requisitos.  

La salvación, Dios mismo la diseñó y la da a no-sotros como un favor inmerecido al poner toda nues-tra confianza en Jesucristo y confesarlo como Señor, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).  No depende de nosotros, no depende de las obras buenas que hagamos, no depende de lo buenas personas que creamos ser.  Él lo hizo todo en la cruz por mi y ustedes.  Todos mis pecados y los suyos fueron re-mitidos a la Cruz y Él pagó con Su propia muerte por todos mis pecados y los suyos. En la Cruz Él hizo una obra completa de Salvación que incluye, sanidad, prosperidad, santificación, justificación, sabiduría, provisión de todo lo que nos haga falta.

Si usted no ha dado ese paso aún, sepa que Dios le dice, a través de las Escrituras, “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6: 2).  Si usted no ha dado ese paso aun, le animo a que aproveche esta navidad para celebrar a Jesucristo de la manera en que Él lo está esperando y lo estableció: entregándole su corazón y su vida.  Rindiéndose completamente a Él.  Sólo le bastará pronunciar en voz audible la siguiente oración, ha-ciéndolo de todo corazón: “Maravilloso Jesucristo: Te acepto en mi corazón como mi Señor y Salva-dor, como mi único Dios resucitado y vivo.  Acep-to, Cristo Jesús, el regalo hermoso de la vida eterna que me ofreces.  Me rindo a ti. Confieso con mis labios que Tu eres el Señor y creo en mi corazón que Dios te levantó de entre los muertos.  Te pido que gobiernes de ahora en adelante mi vida.  Gracias por tu perdón y tu perfecta e infi-nita Gracia.  Amen”.

Si usted lo hizo, no solamente ha celebrado de la mejor manera esta navidad sino que ha provocado la más gloriosa celebración en los cielos en esta época de navidad porque lo dicen las Escrituras y es cierto: “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15: 10).

De ahora en adelante recordará, y celebrará tam-bién, que usted nació de nuevo en esta época, que desde esta época Dios le dio una nueva naturaleza de hijo amado.  Usted ha recibido la abundancia de la Gracia y el regalo de la Justicia por lo que juntamen-te con Cristo Jesús a partir de ahora ¡reina en vida!

Celebrará para siempre que en esta navidad,  in-merecidamente, recibió el regalo más maravilloso de todos, de la  mano  del mismo Rey, Dios y Señor Todopoderoso: ¡la vida eterna!

Celebrará, entonces de ahora en adelante que Cristo Jesús, el Salvador llegó a la historia de su vida para transformarla completamente y darle la victoria sobre toda circunstancia.

A partir de esta navidad vivirá agradecido porque ahora tiene  un Padre Bueno quien tiene cuidado de su vida y Quien cuando lo ve a usted no ve sus im-perfecciones sino que ve a Su Hijo Amado, Cristo Jesús, Señor nuestro, quien de ahora en adelante vive Su vida a través de usted!

¡Feliz Navidad!

www.carlosmauricioiriarte.blogspot.com

www.iglesiapalabrayadoracion.com









miércoles, 26 de enero de 2011

EL GRAN DISEÑO

Así tituló Stephen Hawking, hasta hace poco profesor de matemáticas de Cambridge, su última obra en la que sostiene, contrariamente a lo expresado en su best seller “Una Breve Historia del Tiempo”, que la ciencia moderna no deja lugar a la existencia de Dios o esta sería innecesaria, pues la sóla ley de gravedad es suficiente para explicar la creación del universo ¡por sí mismo y de la nada!

Para empezar, me queda la incógnita de por qué Hawking escogió precisamente ese título para su libro, pues la palabra “diseño” como sustantivo forzosamente incluye la idea de un “diseñador”, o de alguien quien piensa, planea y lleva a cabo el diseño. Leamos algunas definiciones del Diccionario Webster: “algo cuyo fín es servir de guía para otra cosa”/ “Trabajo decorativo o artístico”/ “bosquejo o boceto indicativo del plan para algo” / “Creación de algo en la mente” / “Boceto o bosquejo preliminar, un perfil o patrón de las principales características o razgos de algo que se ejecutará, tal como una pintura, un edificio, una decoración; delineación o plan” / “Un plan o esquema formado en la mente de algo que va a ser hecho; preliminar concepción; idea para ser expresada en una forma visible o llevada a la acción; intención propósito” / “Realización de un inventivo o decorativo plan; trabajo de arte decorativo considerado como una nueva creación; concepción o plan mostrado en un completo trabajo” / “Invención y conducta del sujeto; la disposición de todas las partes y el orden general del todo”.

Según el científico, nacido en Oxford exactamente 300 años después de la muerte de Galileo Galilei, todo el acervo de evidencias científicas conocidas por él, contiene las pruebas de que jamás existió un momento específico en el que el mundo se creó, por tanto no hay motivo para admitir la existencia de un Creador. El Universo, según Hawking, no parece tener «ni fronteras, ni límites, ni principio, ni fin», y siempre ha sido un ente «autosuficiente», razón por la cual Dios es una idea que sobra y no es necesario recurrir a un creador para explicar el nacimiento ni las características de nuestro mundo. Es decir no es necesaria la idea de un creador pues la “creación” se creó a sí misma de la nada. Según el desarrollo de su teoría, en el big bang el universo y el tiempo físico estaban inmersos en una quinta dimensión diferente a las tres dimensiones del espacio y a la cuarta del tiempo en las que vivimos. “Según el científico, las condiciones de esta quinta dimensión desencadenaron el estallido cósmico que dio origen al Universo hace unos 15.000 millones de años”, afirma Pablo Jauregui en un artículo publicado en periódico español el Mundo en el 2002.

Les confieso que le he dado y le he dado vueltas a esa tesis hasta concluir que para creer eso se necesita mucho más fe que para creer en un Dios creador, omnipotente, omnisciente, eterno y capaz de hacer milagros. El mismo Hawking es una prueba de esto último pues cuando tenía apenas 21 años padeció de esclerosis lateral amiotrófica, “enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular por la cual unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal, pues en sus etapas avanzadas los pacientes sufren parálisis total que se acompaña de una exaltación de los reflejos tendinosos (resultado de la pérdida de los controles musculares inhibitorios)”. Hawking, quien a causa de su enfermedad ha debido morir antes de sus 30, cumplirá en enero entrante ¡69 años! Claro, el debe atribuir esta “afortunada realidad” de estar vivo, a pesar de las estadísticas, a una coincidencia feliz sin explicación científica que debe tener como causa inicial la ley de gravedad.

Creer que el universo salió de la nada y se hizo tan perfecto como lo observamos es menos fácil que creer que un huracán al pasar por uno de esos inmensos basureros de chatarra que hay en Estados Unidos ¡puede dejar perfectamente construido un jet Boing 747!

En el libro POR QUÉ CREO de James Kenedy, que de paso recomiendo leer, se citan varios argumentos a favor de la existencia de Dios, pero traigo a colación solamente el argumento teleológico: “La palabra griega telos significa finalidad; de modo que la teleología es aquel concepto de la filosofía que ve que en el universo todas las cosas están destinadas para un propósito, para una finalidad. Los ateos y los evolucionistas (casi invariablemente deben de ser los mismos) detestan las palabras propósitos o teleología, porque creen que el mundo no tiene propósito. Creen que todo es un gigantesco accidente, simplemente la concatenación de átomos que por casualidad se unieron, al azar. Aun cuando la gente puede decir que las cosas existen de una manera increíblemente compleja, y que ésa es la única razón por la cual estamos aquí, es difícil que la mente humana haga caso omiso del fantástico número de evidencias de que Alguien ha estado proveyendo para nuestro bienestar.

Consideremos la masa y el tamaño de este planeta en que hemos sido colocados. Son justamente los correctos. El doctor Wallace dice que si la tierra fuera un diez por ciento mayor o menor de lo que es, no sería posible la vida en este planeta. Además, está justamente a la distancia correcta del Sol, y así recibimos la cantidad correcta de calor y de luz. Si la tierra estuviera más lejos de él, nos congelaríamos; y si estuviera más cerca, como a la distancia a que están Mercurio o Venus, no podríamos sobrevivir.

Consideremos el asombroso hecho de la inclinación del eje de la Tierra. Ninguno de los otros planetas está inclinado como el nuestro: a 23 grados. Este ángulo permite que la Tierra voltee lentamente todas las partes de su superficie ante los rayos del Sol, en forma muy parecida a como gira un pollo en un asador. Si su eje no tuviera inclinación, se acumularían grandes masas de hielo en los polos, y la parte central de la tierra se volvería intensamente caliente.

Otro sorprendente aspecto de nuestra relación con el sistema solar es nuestra Luna. Muchas personas no comprenden que sin la Luna sería imposible vivir en este planeta. Si alguien tuviera alguna vez el éxito de sacar a la Luna de su órbita, toda la vida se acabaría en este planeta. Dios ha provisto la Luna como una sierva para que limpie los océanos y las costas de todos los continentes. Sin las mareas que crea la Luna, todos nuestros puertos y playas se convertirían en un pozo hediondo lleno de basura, y sería imposible vivir cerca de ellos en ningún lugar. A causa de la marea, continuas olas rompen en las costas del océano, con lo cual airean los océanos de este planeta y proveen oxígeno para el plancton, que es el fundamento mismo de la cadena alimenticia de nuestro mundo. Sin el plancton, no habría oxígeno, y el hombre no podría vivir en esta tierra. Dios hizo la Luna del tamaño preciso y la colocó a la distancia conveniente de la tierra para que realizara estas y otras numerosas funciones.

Tenemos la maravilla de nuestra atmósfera. Vivimos bajo un gran océano de aire compuesto de un 78 por ciento de nitrógeno, un 21 por ciento de oxígeno y el 1 por ciento restante, de casi una docena de microelementos. Los estudios espectrográficos de otros planetas del universo estelar demuestran que ninguna otra atmósfera, en ninguna otra parte del universo conocido, está compuesta de estos mismos ingredientes, ni de nada que se parezca a esta composición. Estos elementos no están combinados químicamente, sino que se mezclan mecánicamente en forma continua, mediante los efectos de marea que la Luna produce sobre la atmósfera. La Luna produce el mismo efecto sobre la atmósfera que sobre los mares, y siempre provee la misma cantidad de oxígeno. Aunque el hombre descarga una tremenda cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, éste es absorbido por el océano, y el hombre puede continuar viviendo en este planeta. Si la atmósfera no tuviera el espesor que tiene, los miles de millones de meteoritos y de trozos de desechos cósmicos que caen continuamente sobre nuestro planeta, nos triturarían de seguro.

Luego tenemos el asombroso ciclo del nitrógeno. El nitrógeno es un elemento sumamente inerte. Si no fuera así, seríamos envenenados por diferentes formas de combinaciones nitrosas. Sin embargo, debido a que es inerte, es imposible que consigamos combinarlo naturalmente con otras cosas. Las plantas definidamente lo necesitan en la tierra. ¿Cómo hace Dios para sacar el nitrógeno del aire y meterlo en la tierra? ¡Lo hace por medio de los relámpagos! Cien mil relámpagos caen en este planeta diariamente, y crean cien millones de toneladas de nitrógeno útil como alimento de las plantas en el suelo todos los años.

A unos 60 kilómetros de altura existe una delgada capa de ozono. Si estuviera comprimida, sólo mediría unos seis milímetros de espesor, y sin embargo, sin esa capa la vida no podría existir. Ocho tipos de rayos mortales caen continuamente sobre este planeta procedentes del Sol. Sin esa capa de ozono, esos rayos solares nos quemarían, nos cegarían y nos asarían en
sólo uno o dos días. Los rayos ultravioletas vienen en dos formas: los rayos largos, que son mortíferos y de los cuales nos protege la capa de ozono, y los rayos cortos, que son necesarios para la vida en la tierra y que son admitidos por dicha capa. Además la capa de ozono permite que los más mortales de esos rayos pasen en cantidad muy mínima, suficiente para que maten las algas verdes, que de otro modo crecerían y llenarían todos los lagos, ríos y océanos del mundo.

¡Cuán poco entendemos lo que Dios está haciendo continuamente para proveernos la vida! Vemos que vivimos con una delgadísima capa de ozono que nos protege de un bombardeo mortal invisible, que constantemente se cierne sobre nuestras cabezas. Debajo de nosotros hay una delgada corteza de rocas, comparativamente más delgada que la piel de una manzana. Debajo de ella está la lava derretida que forma el núcleo de esta tierra. Así que el hombre vive entre los ardientes y ennegrecedores rayos de arriba y la lava derretida de abajo; cualquiera de los dos podría dejarlo achicharrado. Sin embargo, al hombre se le olvida totalmente que Dios ha arreglado las cosas de tal modo que pueda existir en un mundo como éste.

También tenemos la maravilla del agua. En ninguna otra parte del universo hallamos agua en abundancia, excepto acá en la Tierra. El agua, un maravilloso solvente, disuelve casi cualquier cosa en esta tierra, con excepción de aquellas cosas que sostienen la vida. Este asombroso líquido existe como hielo, que resquebraja las piedras y produce suelo. Como nieve, almacena agua en los valles. Como lluvia, riega y purifica la tierra. Como vapor en la naturaleza, provee humedad para la mayor parte de tierras arables. Existe como cubierta de nubes, precisamente
en la cantidad correcta. Si tuviéramos nubes como Venus, la Tierra no podría existir. Pero tenemos exactamente el 50 por ciento de la superficie de la tierra cubierta de nubes en cualquier tiempo, lo cual permite que pase la correcta cantidad de luz solar. Como vapor a presión, mueve la poderosa maquinaria que tenemos acá en la tierra. Fuera del bismuto, es el único líquido que, a la temperatura de 4 grados centígrados es más pesado que cuando está congelado. Si esto no fuera así, la vida no podría existir sobre este planeta. Por tanto, cuando se congela, es más liviana y flota. Si no fuera así, los lagos y ríos se congelarían desde el fondo hacia arriba y matarían todos los peces. Las algas quedarían destruidas y nuestra provisión de oxígeno se acabaría, y la humanidad moriría.

Aun el polvo realiza una increíble función a favor de la humanidad. Si no fuera por el polvo, nunca veríamos el cielo azul. A 27 kilómetros por encima de este planeta, no hay polvo de la tierra, y el cielo es siempre negro. Si no fuera por el polvo, nunca llovería. Una gota de lluvia se compone de ocho millones de minúsculas gotitas de agua, y cada una de esas gotitas envuelve una ínfima partícula de polvo. Sin éstas, el mundo se resecaría y la vida dejaría de
existir”.

Cada vez que surge un argumento polémico sobre la existencia de Dios, me acuerdo de una ilustración que me causó una fuerte impresión. Cuenta una leyenda alemana que algún día Friederic Nietszche escribió sobre un mural de su ciudad su célebre frase “Dios ha muerto”, seguida por la firma con su nombre. Pasaron los años, Nietzsche murió y al tiempo un hombre pintó de blanco el mismo muro y escribió sobre él: “Nietzsche ha muerto. Firma: Dios.”

No me cabe duda de que, con toda la publicidad que se le ha dado, el libro de Hawking va a ser un verdadero best seller. Un best seller que, aunque no se aproximará, ni en lo más mínimo, a las características de la Biblia ni en lo que respecta al número de ejemplares publicados, ni al número de idiomas al cual se ha traducido, ni a la amplitud de su influencia, ni mucho menos a la profundidad de sus enseñanzas, se aceptará como verdad revelada por muchos a quienes recomiendo no despreciar la verdad inspirada por el mismo Creador contenida en aquella, sin siquiera haberla leido completamente.

Por eso citaré, para concluir, ese único libro incomparable con ningún otro el cual afirma: “Dice el necio en su corazón:«No hay Dios.»” “Ciertamente, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios...” (Salmos 53: 1 y Romanos 1: 18-22).

lunes, 3 de enero de 2011

LULA, UN EJEMPLO

A Lula me le quito el sombrero. 

Con lo anterior no quiero decir que es el Mesías, pues tuvo muchos desaciertos y deja mucho por hacer. Por ejemplo hay un déficit de 5 millones de viviendas, una tercera parte de brasileros siguen sin las mínimas condiciones de higiene, la salud sigue siendo costosa, la educación sigue siendo mediocre, es necesario aun un esfuerzo enorme por modernizar la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria, y, en fin, Lula nunca obtuvo resultados contundentes cuando de atacar radicalmente la corrupción y la politiquería o de establecer una verdadera reforma política, se trató. Pero su vida, su perseverancia, la firmeza en sus convicciones y las políticas de su gobierno con resultados muy positivos constituyen un buen ejemplo para el mundo. “El hijo de Brasil” ya no es patrimonio de esa nación solamente. Es desde ahora la figura suramericana de mostrar, el político que supo interpretar, rebasando las fronteras nacionalistas, a todo un pueblo esperanzado en vivir mejor, impactando positivamente con sus ejecutorias las estadísticas latinoamericanas. No es para menos. Deja un país de 191 millones de habitantes con un crecimiento del 7%, la pobreza y el desempleo a la baja (pudo sacar a 28 millones de ella, aunque existan 30 millones de brasileros viviendo en la miseria), promesas de riqueza en petróleo y gas descubiertos en aguas profundas del Atlántico, un colchón de divisas (reservas internacionales) de 288 mil millones de dólares, un fuerte sentimiento de bienestar y optimismo en gran parte de la población, y una aplanadora mayoritaria en el Congreso.

Luiz Inácio Lula da Silva nació en unas condiciones de pobreza lamentables, pero supo con tesón huir de la miseria campesina, se hizo tornero, fundó un partido, llegó a la Presidencia en su cuarta candidatura y hace unos días, con una popularidad de más del 87%, le entregó el cargo a su "elegida" Dilma Rousseff, enteramente prohijada y formada por él.

Un breve resumen de su vida que leí en internet dice: “Su padre, Arístides da Silva, fue un campesino analfabeta y alcohólico que tuvo 22 hijos con dos mujeres: Lindú, madre de Lula, y Valdomira, prima de la anterior. Cuando Valdomira tenía 16 años, huyó con ella de la miserable Aldea de Vargem Grande (hoy Caetés) hacia Sao Paulo cuando faltaba un mes para que Lula naciera. Pero detrás partió Lindú con la prole y, tras recorrer 3.000 kilómetros en la caja de un camión, se instaló en Santos, donde a los cinco años Lula vendía tapioca y naranjas. A esa edad conoció a su padre. Acabó la primaria en 1956 y en 1959 fue el primero de la familia con un título, de tornero mecánico, que le valió un empleo en 1960. Seis años después entró al Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, desde cuya presidencia lideró el mayor movimiento obrero de la historia de Brasil, en duros tiempos de dictadura. Bebió en el marxismo y en 1980, con la apertura política, fundó el PT, que nació troskista y con los años y el pulso fuerte de Lula se inclinó al centroizquierda de hoy. Fue candidato presidencial en 1989, 1994, 1998 y 2002. Al cuarto intento llegó al poder, pero ya no como el desaliñado obrero barbudo de puño en alto que pregonaba “revolución”, sino como un elegante político enfundado en trajes Armani que proclamaba paz y amor”.

Aun con su modo de ser campechano y su lenguaje desabrochado en el 2008 fue considerado como una de las veinte personas más influyentes del mundo por la revista Newsweek. En 2009, los diarios Le Monde (Francia) y El País (España) lo nombraron "Hombre del año".

Lula podría, en el 2014, aspirar por sexta vez a la Presidencia y no se descarta que lo haga, aunque sospecho que sería un tremendo error, pues arriesgaría ese buen nombre que hoy tiene del gobernante que culminó su carrera con los mejores galardones. Pero de Lula, en materia política, cualquier cosa puede esperarse.